Llevo 15 Años Programando. Ahora Soy Innecesario.

@serudda 9 min de lectura

Mi cerebro me dice: “¿Por qué carajos vas a codear a mano si puedes pulsar un botón y obtener lo mismo?”

Y lo peor… es que tiene razón.

Llevo 15 años programando. Y por primera vez en mi vida, me siento innecesario.

Hoy quiero hablar de esto que le está pasando a miles de desarrolladores. Y que nadie se atreve a decir en voz alta.

Antes que nada, me presento para los que no me conocen. Mi nombre es Sergio Ruiz, también conocido como Serudda con doble D, aquí en YouTube y en todas las redes. Bienvenidos a mi canal, donde acostumbramos a hablar un poco de la industria tech y un poco de la vida.

Hace unos días me topé con un video de un developer llamado Mo Bitar. Me pegó durísimo. 12 minutos que resumen exactamente lo que muchos estamos sintiendo.

¿En qué me convertí? De la noche a la mañana pasé de ser yo quien construía todo desde cero. Sufría el proceso, lo sentía, lo vivía, me frustraba, me alegraba. Para que de la noche a la mañana simplemente me volví un auditor. Un auditor de máquinas.

En este momento me siento como si hubieran industrializado el software. Botellas de refrescos pasando frente a mi. Estoy en la línea de ensamblaje y mi única tarea es la de asegurarme de que las tapas estén bien puestas.

Pasa una botella, reviso que esté bien enroscada. Pasa otra, reviso que esté bien enroscada. Y asi con la siguiente. Y la siguiente. Y la siguiente.

¿Qué sentido tiene ahora programar? ¿Qué sentido tiene ahora crear producto si me volví simplemente un eslabón más dentro de la cadena de producción?

Pero el problema no es solo que me volví un auditor. El problema es el resultado de todo esto.

Se perdió todo el sentido artesanal de crear software. Lo que llevaba meses construir un feature bien hecho, ahora te va a tomar 5 minutos. Metiste todo en una moledora y tienes un resultado que funciona. Sí. Pero ya no hubo esfuerzo durante el proceso.

¿Cómo carajos voy a salir a venderte algo así?

Y está bien, hay gente que dirá: “Seru, pero el software es un producto más que usamos para vender.” Y es correcto.

Pero hay personas que montan restaurantes glamurosos con chefs calificados que preparan todo un menú temático. Cada trimestre estudian para traer nuevos ingredientes, nuevos platos de otras ciudades, de otros países, para brindar una experiencia única a sus clientes.

Como hay otros que simplemente compran un carrito de perros, compran la salchicha en el supermercado, le echan tres salsas y te lo venden a dos centavos.

Pero yo no vine a este mundo simplemente a acumular billetes verdes. Creo que hay que buscar un equilibrio entre ganar dinero para tener una vida estable y equilibrar esa felicidad en lo que haces. Lo que te motiva a levantarte y decir “uufff hoy tengo que trabajar en esto”.

No lo pudo haber dicho mejor Van Schneider en este tweet: “Hay personas que juegan videojuegos con trucos y se divierten haciéndolo.” “También hay vendedores de autos que venden autos y no les importan ni las personas ni los autos.” “Es simplemente una perspectiva diferente de la vida.”

Y es que no es solo el producto. Es lo que te pasaba a TI mientras lo construías.

No quiero romantizar el proceso de crear software, ni mucho menos. Así como muchos rubros se automatizaron y se perdió esa parte artística, ese espíritu de artesano, claramente estamos pasando por la misma transición que pasaron otros rubros. La carpintería, la cocina, la sastrería.

Es normal que nos sintamos así los que veníamos haciendo esto durante muchos años. Y muchos, no solo lo hacíamos porque “necesito aprender a programar para buscar empleo y poder comer”. Muchos llevamos mucho tiempo en esto.

Sí, hacíamos las cosas por dinero, por supuesto. Pero además del dinero, tomábamos de nuestro tiempo libre para construir algo. Darle vida a un producto, ver cómo otras personas resolvían su vida con lo que habías acabo de crear.

Era magico todo el proceso. Ideabas, dibujabas, codeabas, estudiabas, aprendias muchisimo del proceso. Hacias el release, y veias como la gente usaba tu producto. Corrias de nuevo a codear, para agregar ese tan valioso feature que te estan pidiendo a gritos.

Ahora todos pueden crear, bien o mal.

Entonces esa parte en mí, esa parte que me motivaba día a día a levantarme a crear mis propias piezas de software, no solo para resolver mis problemas sino ansioso de poderlas mostrar al mundo… esa parte la mataron. La mataron sin preguntar.

Muchos, aunque no lo crean, no estábamos en esta industria solo para buscar un empleo. Muchos lo hacíamos porque de corazón disfrutábamos codear.

Francesco lo complementa desde un angulo más tecnico.

“Durante décadas, la fricción de programar fue una función forzada.” “Escribir código era lento, así que tenías que ser deliberado.” “No podías empezar cinco features a la vez porque físicamente no eras capaz de implementarlos lo suficientemente rápido.” “La limitación era en realidad un regalo — te obligaba a priorizar.”

Pero bueno, antes de seguir lamentándome, hay algo que tenemos que reconocer. Lo engreídos que éramos.

Me acuerdo cuando trabajé en Eden. Cuando estaba empezando, y aun era una startup en etapa temprana. El trabajo era abismal. Solo éramos dos frontend. Nos tocaba trasnochar duro, reuniones a las 10 de la noche.

Una puta locura. Trabajamos como dementes uno o dos meses. Y claro me quemé.

Pero tenía tanta seguridad en mí que hablé con los founders y les dije: “Me voy a tomar unos meses de descanso porque me quemé. Pero vuelvo”.

Y es gracioso porque así fue. Pasaron ocho meses. Me escribió el founder que si ya había descansado, que si quería volver.

Renegocié de nuevo mi entrada. Empecé medio tiempo con aumento. Despues volví tiempo completo. Hasta renegocié mis stock options.

Un descaro total viendolo desde la perspectiva actual. Si hago eso ahora, me sacan cagando… y me dicen: “Ya no eres una estrellita más… ahora tenemos a OpenClaw que lo hace mejor que tu”.

Seamos honestos. Ya la olla se destapó que carajos. Hablemoslo de frente. Sí nos creíamos unos rock stars.

Callebtc, en su tweet ofrece un contrapunto brutal. “Siempre fuiste un mono programador con un sueldo lo suficientemente alto como para creer que tu artesanismo individualista le importa a alguien.” “No le importa a nadie más que a ti.”

Pero más allá del ego y la nostalgia, hay algo que está pasando a un nivel que no vemos.

Es imposible no sentir ansiedad. Yo tengo que abrir Twitter porque estoy intentando crear una voz dentro de la red social. Pero mi feed está tan metido en la burbuja de la IA que es abrumador. Gente a favor, gente en contra. Ambos bandos con puntos válidos. ¿A quién le creo?

Sumale que la industria te obliga a usar la IA en exceso porque las empresas las incorporan para volverte “más eficiente”. Pero esa eficiencia no se está traduciendo en más tiempo libre. Al contrario. El cansancio y la sensación de exceso de trabajo se ha incrementado entre todos.

Lo comenta JL Hortelano en su tweet: “El 77% de los empleados que usaban IA decían que les había aumentado la carga de trabajo. La IA no te devuelve tiempo. Expande el perímetro de lo que sientes que deberías estar haciendo.”

Harvard publicó un estudio donde encuestaron a casi 1,500 trabajadores. Descubrieron que el 14% ya siente lo que llaman “AI brain fry”. Agotamiento mental por supervisar herramientas de IA. Y el impacto más fuerte está en campos técnicos: Software, IT, Finanzas.

Supervisar múltiples outputs de IA genera un 12% más de fatiga mental y un 33% más de fatiga en toma de decisiones. Y los empleados agotados son 10% más propensos a renunciar.

Y un estudio del MIT le puso electrodos a 54 personas mientras usaban ChatGPT para escribir. Los que usaron IA mostraron un 47% menos de conectividad neuronal. El cerebro no trabajaba menos. Directamente se apagaba en las zonas de pensamiento crítico y creatividad.

Francesco complementa desde la experiencia. “Termino cada día agotado — no por el trabajo en sí, sino por gestionar el trabajo. Seis ramas abiertas, cuatro features a medio escribir, dos ‘fixes rápidos’ que se convirtieron en madrigueras, y una sensación creciente de que estoy perdiendo el hilo por completo.”

Y entonces piensas: bueno, la solución es usarla solo para lo mundano. Lo difícil lo hago yo, lo aburrido se lo dejo a la IA. ¿Verdad?

No. Eso no va a pasar. Esa es la trampa en la que caímos.

Empezamos a usarla para tareas repetitivas. Pero al tener una herramienta tan poderosa simplemente para tareas mundanas, no tiene sentido. Si ellos te dan 200% de poder, tu no vas a usar solamente el 40%. Tu vas a querer usar el 200%.

Es más si te da para sacarle un 210%, muchisimo mejor (y más si estoy pagando bien caro por el servicio).

No puedo trabajar sin ella. No quiero trabajar sin ella. A veces pienso que no puedo vivir sin ella. Dejarlo ya no es una opción.

Que es justo lo que diria un adicto funcional. Camuflamos el daño en nuestro cerebro con la sábana de “productividad”. Nos repetimos constantemente: “Pero es que soy más rápido…” Como un mantra que justifica la dependencia.

Ser rápido es el síntoma. No la prueba de que estamos bien.

JL Hortelano lo refuerza en su tweet con esto: “No hay término medio fácil. Una vez que empiezas a usar estas herramientas en serio, tu cerebro deja de querer volver al esfuerzo. No es que puedas reservarte lo difícil para ti y delegar lo aburrido. Es todo o nada.”

La IA mató al artesano que había en nosotros. Y honestamente, no sé cómo recuperarlo.

Si este video te hizo sentir algo, eres libre de compartirlo.

Espero te halla gustado. Gracias por ver. Nos vemos en el proximo video.

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