Cómo construir lo único que la IA no puede copiar.
¿Por qué si tenemos las herramientas más poderosas de la historia, producir algo verdaderamente excelente es cada vez más difícil?
Tenemos los modelos de IA más inteligentes jamás creados.
Hay literalmente miles de empresas escupiendo soluciones a velocidades que hace un par de años nos hubieran parecido una locura.
Y aún así, seguimos sin ver al Hayao Miyazaki del Video por IA.
Al Paul McCartney de la Música generativa.
o al Pablo Neruda de los textos generados por IA.
De esta gran paradoja habla Pablo Bakaus, el creador de Impeccable, ese maravilloso set de skills y comandos de diseño frontend para agentes de IA.
Lo explica en un artículo que me topé por Twitter estos días.
Una de esas lecturas escasas, de las que de verdad da gusto encontrar cuando sientes que te estás ahogando en medio del bombardeo constante de Slop y contenido basura que inunda internet hoy en día.
Y para explicar exactamente por qué nos estamos hundiendo en esta mediocridad en lugar de crear verdaderas obras de arte, Bakaus va directo a la raíz del problema rescatando un concepto brutal.
Hay una frase de los 70s de Seymour Papert, uno de los verdaderos pioneros de la inteligencia artificial, quien fue investigador del MIT, una frase que últimamente volvió a ponerse de moda:
“Low floor, High ceiling”.
Y con una pequeña adaptación moderna sería: “Bajar el suelo, elevar el techo”.
Y seamos honestos, con la explosión de la IA, ese suelo lo bajaron casi a subsuelo.
Antes sacar un primer borrador de código, diseño o texto, te costaba días de sudor y lágrimas.
Hoy 2 prompts, Enter, y en 5 minutos tienes un resultado que mágicamente funciona.
Esto nos empuja a una falsa dicotomía donde sacrificamos la precisión y el rigor con tal de producir más rápido.
Yo a esto lo llamo “La Trampa de la Mediocridad”.
Explicado de forma sencilla: “Bajar el suelo” es abrirle la puerta a todo el mundo.
El “suelo” representa la barrera de entrada, es decir qué tan difícil es empezar a hacer algo.
Es destruir los obstáculos técnicos para que cualquier principiante, incluso llamémoslo, cualquier turista que no tenga ni idea de cómo crear un producto digital, pueda jugar a ser creador, o lo que los corporativos romantizan como “democratizar el acceso”.
Y eso fue exactamente lo que hizo la IA.
Antes, para crear una app te costaba meses de quemarte las pestañas.
Elegir un lenguaje de programación te daba parálisis por análisis y te bombardeabas con preguntas como:
“¿Y si estoy escogiendo el lenguaje equivocado?” “¿Y si es muy difícil y no voy a ser capaz?” “¿Y si mejor busco a un programador, le cuento mi idea millonaria y vamos 50/50?”
Hoy la IA silenció todo ese ruido mental.
Hundió ese suelo hasta el subsuelo.
Ahora cualquiera, sepa o no de tecnología, puede pedirle a la IA que haga un primer borrador de código, o diseño en cuestión de minutos.
Llegar a lo básico ya no cuesta ni una sola gota de sudor.
Por el otro lado, “Raise the ceiling” o elevar el techo, es romper los limites para los expertos.
El “techo” representa el limite maximo de calidad o complejidad al que se puede llegar.
Porque seamos honestos, si la IA solo sirviera para generar proyectos basicos y rapidos, los que llevamos años en esto, nos aburriríamos o nos estancaríamos.
Elevar el techo se supone que era quitarnos de encima lo mundano para empujar nuestro oficio a otro nivel.
El problema es que con cada modelo nuevo que lanzan, el piso cae cada vez más profundo y lo que era “básico” se vuelve automático.
Pero al mismo tiempo, el techo se eleva por las nubes, exigiéndonos a todos crear cosas mil veces más complejas para poder destacar.
Analicémoslo por un momento.
Hoy, con dos prompts y quince minutos, montas un portafolio que hace un par de años nos hubiera parecido una obra de arte.
Antes entrabas a esos sitios o aplicaciones web y las admirabas, porque entendías el tiempo, el sudor y la magia del proceso que llevaban detrás.
Ya no. Ahora internet es una simple línea de ensamblaje inundada de copias exactas.
Si la IA bajó tanto el suelo, que cualquiera te saca el mismo diseño sin ningún esfuerzo, ¿Qué valor real le queda a lo que estamos construyendo?
Con cada modelo nuevo, el techo sigue subiendo.
Lo mínimo aceptable que te entrega la máquina en segundos, es técnicamente superior hoy que hace dos años.
Pero aquí está el problema: la gente se conforma con ese primer borrador porque es rápido y “suficientemente bueno”.
Se quedan a vivir en el suelo.
¿El resultado?
Un mercado inundado de mediocridad estandarizada.
La fábrica perfecta de contenido genérico a la que hoy llamamos Slop.
Bakaus lo ilustra perfecto con una línea de tiempo del diseño web:
¿Te acuerdas del Slop del 2022?
Gradientes morados y botones brillantes por todas partes.
Para solucionarlo, los desarrolladores empezaron a guiar a los modelos para evitar esa estética y empujarlos hacia otras áreas creativas.
Pero la cura resultó peor que la enfermedad.
Esa “corrección” nos trajo el nuevo estándar genérico del 2026: titulares en cursiva con Instrument Serif sobre fondos color beige cálido.
La famosa frase cliché en su máxima expresión: “La solución de hoy, se convertirá en el problema de mañana”.
La consecuencia de esto es brutal.
Los productos ahora tienen que ser obligatoriamente más desafiantes, completos y difíciles de replicar.
Piénsalo por un instante: si tu competencia puede clonar tu producto en quince minutos con dos prompts, tu única línea de defensa es construir algo que simplemente no se pueda copiar en quince minutos.
El listón de lo que realmente tiene valor, sube por pura supervivencia.
El problema de la trampa de la mediocridad es que elementos como la tipografía Instrument Serif sobre fondos beige, no es necesariamente un mal diseño.
En las manos correctas, funciona.
Pero la verdadera trampa radica en algo más profundo.
Bakaus es contundente al afirmar: el buen gusto no se puede embotellar.
Dentro de la industria, tienen esta fantasía de que podemos, de alguna manera, “resolver el gusto”.
Creen que si entrenan mejores modelos y capturan los patrones correctos, la máquina va a empezar a escupir “arte” por defecto.
Y como dice Bakaus: el buen gusto es personal, es contexto y siempre se está moviendo.
El antídoto de hoy contra el slop se convierte automáticamente en el slop del mañana en el momento exacto en que todo el mundo empieza a utilizarlo.
Si intentas producir el buen gusto en masa mediante IA, lo único que consigues es lo que Bakaus llama un “Uniqlo algorítmico”.
Algo funcional e inofensivo, pero que carece por completo de alma o espíritu.
Aquí está la gran paradoja:
“Cuando algo se vuelve masivo, pierde inmediatamente el gusto.”
El día que algo se vuelve omnipresente gracias a la IA, pierde inmediatamente su encanto.
Cambiamos el restaurante glamuroso por comida chatarra producida en masa con los ingredientes más mediocres y económicos del mercado.
Me recuerda una vez que fui a Levis, que estaban creo que al 60% de descuento.
Y me enamoré de un hoodie gris, con el logo grande de Levis.
Yo encantado lo compré. Me lo ponía casi todos los días.
Hasta que empecé a notar en la calle que me topaba cada vez más con personas usando el mismo hoodie.
A partir de ahí, ya no veía con los mismos ojos de cariño ese hoodie.
Es más, no sé ni dónde carajos está. Creo que se lo regalé a mi sobrino.
Para alcanzar verdaderamente ese buen gusto y “elevar el techo”, la misión principal de estas herramientas, no debería ser reemplazar al humano. Sino amplificar la intención humana.
El problema, es que la forma en que están diseñadas todas estas herramientas de IA hoy en día, no permiten que esto se pueda cumplir del todo.
Bakaus tiene una metáfora brillante para esto.
Una cámara fotográfica no te dice qué fotografiar, simplemente hace que sea posible capturar más fotos.
La tecnología (llamémoslo el lente, el sensor, el enfoque automático) elimina la fricción técnica, pero la cámara jamás te va a decir qué momento capturar, o desde qué ángulo se vería más bonita la foto, o con qué iluminación haces que tu foto se vea más profesional.
El ángulo, la luz y el momento exacto siguen siendo tu decisión.
El peligro real es caer en lo que él llama la “Rendición Cognitiva”.
Esto pasa cuando en lugar de usar la IA para llegar a tu destino, dejas que ella tome el timón.
Te arroja un bloque de código o un diseño prefabricado y tú simplemente lo aceptas.
Pierdes tu agencia creativa porque te convences de una mentira: “El modelo es más inteligente que yo, seguro sabe lo que hace”.
Aceptas, no revisas y te rindes a sus pies.
Si nos acostumbramos a bajar la cabeza y aceptar lo primero que nos escupe la pantalla solo porque “suena bien”, terminamos ahogados en ese mismo Slop estandarizado.
Para crear algo que realmente rompa el molde, tienes que dejar la pasividad.
Es un tira y afloja constante entre la IA y tú.
Úsala, exprímela, pero grábate esto: “Jamás, por ningún motivo, le entregues la Brújula”.
Si este video te hizo sentir algo, recuerda que eres libre de compartirlo.
Gracias por ver.
Memento Mori.